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Valdano: “Este Real Madrid es de sangre fría”

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El capricho de un sorteo (el del calendario de la Liga, el pasado verano) y la decisión de una directiva (la del Málaga) han provocado que el personaje de la jornada que cierra la Liga sea Míchel, el técnico del cuadro andaluz, el último rival del gran candidato al título. El Real Madrid se jugará el alirón este domingo (20.00) ante uno de sus hijos, un nombre escrito en el escudo. La historia le suena a Jorge Valdano, con olfato para intuir desde hace tiempo que su teléfono iba a sonar mucho esta semana. Dos veces pasó por lo mismo, allá en el inicio de los 90, en sendos capítulos funestos para el club de la capital. Que Míchel, además, asegurara que su madridismo era más intenso que el del argentino reactivó con fuerza los recuerdos de aquellos finales de Liga en Tenerife, donde los blancos se dejaron dos títulos de forma consecutiva. Una pesadilla repetida.

Valdano, antes de abrir el álbum de la memoria, ruega no ahondar en duelos verbales con su ex compañero. Habla de profesionalidad por encima de cualquier bandera íntima, y pone en valor, antes de nada, el músculo del actual Real Madrid. Tranquiliza a sus aficionados por las trazas de campeón del grupo liderado por Zinedine Zidane. «Este equipo tiene sangre fría, ya salió de situaciones límite en Nápoles, Múnich o el Calderón». Cree que no temblará en La Rosaleda en busca del alirón. Tras ganar en Vigo, un punto le basta.

Lleva 25 años repasando el episodio más intenso de su carrera en los banquillos, pero no parece aburrido del mismo. Aunque hiciera la puñeta al club donde alcanzó fama, lo considera un éxito profesional: dos victorias que fueron verdaderas hazañas deportivas. Arrebatar dos Ligas al Madrid no impidió su regreso después al Bernabéu, primero como técnico y más tarde como directivo. Eso sí, bajo algunas miradas de enfado. «No noté el verdadero perdón de la hinchada hasta el 5-0 al Barça de Cruyff», dice ahora en calidad de analista del fútbol (comenta en beIN), sin escudo en la chaqueta pero sí sobre la piel, el del Real. Su fichaje fue recibido con pintadas de los Ultras Sur, que no le perdonaban sendos Tenerifes ni tampoco su perfil ideológico.

“Orgullo en un lugar que siempre se sintió marginado”

A Ramón Mendoza, el presidente por entonces del Madrid, el rencor con Valdano no le duró ni un suspiro. Él mismo, tras la primera hecatombe, le invitó a entrar al vestuario blanco en el Heliodoro Rodríguez López («un funeral, estuve más rato allí que en el de mi equipo») para horas después hacerle una oferta. Quería a su verdugo al frente del equipo.

«Mantenía buena relación con él, ya me había llamado semanas antes para felicitarme por ganar al Barcelona», cuenta sobre su relación con el entusiasta dirigente fallecido en 2001. Era Valdano el nombre del momento en el fútbol español antes incluso de aquel primer final de Liga. Había llegado al Tenerife a ocho jornadas para acabar el campeonato, con el objetivo de mantenerlo en Primera. Consiguió tener en la última jornada el trabajo hecho, enlazando además victorias con eco ante el Valencia, el Sevilla o el mismo Barcelona.

La ebullición de Tenerife rebosaba el césped. «Un directivo, en los días antes del partido con el Madrid, me vino a dar las gracias sólo por conseguir que el nombre de la isla apareciera en grandes letras en la portada del Marca. Había orgullo en un lugar que siempre se había sentido marginado», cuenta el argentino, premiado después por las asociaciones de turismo y hostelería de la zona por el impacto publicitario que había conseguido su equipo de fútbol.

“Pensaron que eran campeones y se relajaron”

Imagina lo que debe sentir el Málaga estos días. «Se ve protagonista, está en racha, no tiene nada que perder. Le sobra la gasolina, siempre que el Madrid le permita entrar en la fiesta, como pasó en nuestro caso», apunta sobre el gol de Quique Estebaranz al filo del descanso, cuando ganaban los blancos 0-2. «Hasta entonces, todo nos había salido mal. Se lesionó nuestro portero, Agustín, y justo al cambiarlo nos mete Hagi el segundo de falta. Ahí pensaron que ya eran campeones. Y se relajaron».

Tras el descanso, el líder de la Liga entró en pánico. Todo eran nervios, imprecisiones. Calor sofocante, gradas encendidas y el equipo entrenado por Leo Beenhakker que agarra la catana y se la pone en el pecho. Primero Ricardo Rocha se hace un autogol y, al momento, una jugada en el relato negro del madridismo, cómica en su ejecución y dramática en sus consecuencias. Manolo Sanchís, en una de las cesiones más extrañas de la historia, manda el balón a la escuadra de su propia portería, donde un deslumbrado Paco Buyo, en otra insólita maniobra, en vez de despejar, deja la pelota a merced del delantero, Pier, que a puerta vacía marca el 3-2. Remontada, llora Núñez, el presidente azulgrana, en su palco al escuchar las noticias. El Madrid queda deshecho, sin energía para reaccionar ante un rival que intentó disimular después las primas con sello del Camp Nou. Un título de Liga lo valía.

“En 1993, para mí era una cuestión muy personal”

«La isla era madridista, pero el agradecimiento que sintió desde el Barcelona cambió las cosas», dice Valdano, dispuesto días después a hacerse con el vestuario que en ese momento lloraba el naufragio. El Tenerife no liberó del contrato a su entrenador, apalabrando su salida para el siguiente verano, el del 93. Entonces podría marcharse al Bernabéu. Nadie podía imaginar que el destino guardara semejante bis. Un año más tarde, otra vez visita blanca a la isla con la obligación de ganar para conquistar la Liga.

«La segunda fue muy distinta, porque nosotros nos jugábamos la clasificación para Europa. Además, nuestro rival por esa plaza era el Sevilla de Bilardo. Para mí era una cuestión muy personal», matiza sobre la enconada rivalidad de las dos grandes escuelas de fútbol argentinas, escorado siempre Valdano en la vistosa vía menottista. «Nunca un jugador del Madrid me afeó lo de Tenerife». Uno de ellos, presente en ambas derrotas, era Míchel, que sentenciaba el jueves, desde Twitter, bajo una foto del entrenamiento: «A lo nuestro».

elmundo.es

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