El vientre del Fútbol (2da parte)

Share

vientre del fútbol2Por Yoan Azul

En la ciudad de Viena fue donde nació la leyenda danubiana y fue donde alcanzó su punto culminante. La Viena de 1920 era un semillero de intrigas políticas. Los socialdemócratas de la Viena Roja crearon un movimiento deportivo basado en la ética amateur, con la esperanza de que reforzara la solidaridad de la clase obrera, que eran escépticos con los grandes clubes como el Rapid, que si bien en sus orígenes había estado vinculado a la clase obrera, jugaban en lo que los social demócratas consideraban una liga burguesa. Pero peleaban una batalla perdida de ante mano. En 1920 y a medida que el fútbol se convertía en un deporte con muchos espectadores, Austria se convirtió en el primer país además de Gran Bretaña en aceptar el profesionalismo. Tres años más tarde una multitud estimada en 100 000 presenciaba en Viena el Partido entre Italia y Austria, un record continental que se mantuvo hasta la segunda guerra mundial.

El fútbol de la Europa central se acercaba con rapidez al nivel del de las islas Británicas. Sobre el 1931 tenía un nivel similar, ese mismo año nació la leyenda del Wunderteam austriaco después de vencer a Escocia por 5-0, equipo en el que jugaba el hombre de papel.

El  Wunderteam fue creado por Hugo Meisl, quien además de presidir la asociación de fútbol austriaco era el entrenador del equipo. Desde 1931 Austria solo fue derrotada dos veces en los tres años siguientes, y tuvieron la mala suerte de perder uno de esos partidos en Londres frente a Inglaterra en 1932, heroica derrota que sirvió para que creciera aún más la mística del Wunderteam. Igual que en Hungría y Checoslovaquia los austriacos se apoyaban en las habilidades aprendidas en las calles, dejando de lado los aspectos más físicos del juego, allí estuvo el germen de su caída.

Si la década de los años veinte perteneció a la escuela del Danubio, la de los treinta fue el dominio de una nación que se encontraba al sur de los poderes de la Europa central, Italia.

Más que ningún otro líder de su tiempo Mussolini fue consciente del valor político del deporte.

En 1929 Vittorio Pozzo se convirtió en entrenador de Italia por tercera vez, durante el curso de la década siguiente los italianos barrieron a todos los que se le pusieron por delante.

El fascismo invirtió en el deporte, las actividades físicas, en la creación de hombres fuertes, el fútbol simbolizaba la guerra, o representaba la posibilidad de participar en actividades más importantes.

En 1927 se introdujo un campeonato para equipos nacionales, simultaneo con la Copa Mitropa. Esta nueva copa internacional propulsora del nuevo campeonato europeo también fue producto del cerebro de Hugo Meisl.

En 1930 Italia ganó su primer campeonato europeo, una vez ganada la copa en Budapest en el tren que los llevaba de regreso a casa, Pozzo dejó caer la copa y conservó un fragmento de la misma, lo envolvió en un trozo de tela y se lo guardó en el bolsillo. Llevaron la copa de regreso a Italia pero al principio nadie percibió el accidente, años más tarde escribió en su libro que había conservado ese fragmento como amuleto de la buena suerte, necesitaba creer en algo, lo llevó a la copa del mundo de 1934, a los juegos olímpicos de 1936  y a la copa del mundo de 1938.

En 1929 surgió la primera Liga nacional en Italia, Mussolini solía presenciar los partidos con frecuencia, especialmente cuando jugaba el S.S Lazio. A medida que la Serie A fue creciendo en dinero e importancia se convirtió en el nuevo hogar para muchas estrellas extranjeras, como el máximo goleador de la copa del mundo de 1930 el argentino Guillermo Stábile, que cuatro meses más tarde hizo su debut en un partido entre el Lazio y el Genoa. Algunos argentinos, brasileños y uruguayos de ascendencia Italiana jugaron incluso en el equipo nacional.

Mussolini utilizó el fútbol para mejorar su imagen, aunque hay dudas de que realmente le gustara.

El dictador se aseguró de que la copa del mundo de 1934 se jugara en Italia, no tanto porque quisiera ganarla, si no para demostrar que Italia era capaz de organizarla.

Como no eran miembros de la FIFA Inglaterra no estuvo presente.

Dicha copa estuvo rodeada de controversias, especialmente ante las acusaciones de manipulación de los árbitros por parte de los anfitriones. Esto se hizo evidente en la semifinal, donde se encontraron la Italia de Pozzo frente a la Austria de Meisl.

Hugo dijo a sus jugadores que por medio de sus espías sabía que Mussolini había invitado al árbitro sueco, el arbitraje fue un desastre y el incidente puso fin a la amistad entre Pozzo y Meisl. En la final también pitó el árbitro sueco lo que contribuyó a aumentar la  suspicacia.

En dicho partido Italia se enfrentaba a los checos, miembros de la escuela del Danubio, a pesar de ir perdiendo por un gol los italianos igualaron el partido a nueve minutos del final, Italia marcó en el extra, después de un penal ignorado por el árbitro.

En Inglaterra la copa del mundo había pasado desapercibida, cuando los italianos llegaron a Londres cinco meses después, el juego se anunció como el partido del siglo, más tarde se le recordó como la batalla de Highbury debido a que los ánimos se encendieron.

La batalla deparó una victoria inglesa por 3-2 en el Arsenal Stadium. Un partido muy violento, que muchos ingleses consideran como la “verdadera final de la Copa Mundial”.

La excesiva rudeza de ambos contendientes vino provocada por la importancia dada al choque. Los ingleses, con ganas de demostrar que ellos eran realmente los verdaderos dominadores del fútbol, y los italianos, para demostrar que no era así, al ser ellos los vencedores de la Copa del Mundo. Tal fue la trascendencia del partido que Benito Mussolini ofreció un Alfa Romeo y £150 a cada jugador si conseguían vencer el encuentro.

La alineación inglesa dejaría un récord que tardaría casi 7 décadas en ser igualado, hasta siete jugadores del mismo club defendieron aquel día a la selección. Era una de las selecciones más novatas nunca presentadas por Inglaterra. El hecho de que todavía no se permitían las sustituciones, hizo que en los primeros minutos del partido los italianos perdiesen a un jugador por una fractura en el pie, debido a una dura entrada de Ted Drake. Pese a jugar todo el partido con 10 jugadores, los italianos plantaron batalla y dureza. Contrarrestaron la lesión de su jugador Luis Monti y los ingleses vieron como Eddie Hapgood se fracturaba la nariz y tuvo que abandonar el terreno de juego durante 15 minutos; Ray Bowden, Ted Drake y Eric Brook resultaron lesionados, sufriendo el último una fractura de brazo. Pese a ello, consiguió anotar 2 goles después de fallar un penalti, y Drake haría el 3-0 antes del descanso. En la reanudación, los italianos fueron a por el partido, y Giuseppe Meazza anotaría dos goles para la esperanza italiana. Varios disparos a los postes, y la gran actuación del portero inglés, impidieron la remontada trasalpina. La dureza siguió durante todo el partido, y a la finalización la Federación Inglesa consideró retirar a sus jugadores de todos sus partidos internacionales.

Continuará….

Share