Piqué: me gustaría equivocarme

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1441618437_extras_noticia_foton_7_1No me gusta nada, pero nada de nada, lo que está sucediendo con Piqué. Y dejando clarito, para que no empecemos con los mensajes precipitados –faltones–, que la libertad de expresión puede y debe estar por encima. No es razonable este movimiento anti Piqué que se va a ir convirtiendo en una bola de nieve imparable. Una cosa es que cada uno se exprese como quiera y otra, que se sobrepase la línea del respeto.

Piqué suele comprar más papeletas de las necesarias, tampoco nos vamos a engañar, pero cada cosa en su sitio. Cuando mete la pata con el Barça, que la saque con su camiseta –aún cumple partidos de sanción por encararse con un juez de línea–; cuando lo hace en su vida privada, que lo haga en el mismo ámbito –es su problema–; cuando se mete con el Madrid, etc. Pero cuando lleva La Roja, es un territorio de todos, donde nunca se le ha visto con falta de compromiso, ni escaqueándose de nada. Todo lo contrario, ha dado la barba.

Es una situación políticamente compleja, tampoco hay que mirar para otro lado. Estos procesos colectivos de protesta o malestar que se manifiestan con pitidos anónimos se convierten muy rápidamente en una moda y las tendencias no se paran tan rápido.

Insisto en que me gustaría equivocarme, pero ni veo cambiando la versión de Piqué –de charco, en charco-, ni una reflexión colectiva para arrimar el hombro incondicionalmente. Hay que respetarse, respetar y saber utilizar los foros adecuados. Lo contrario genera una confusión que no ayuda ni a resolver el conflicto, ni a que la selección esté cómoda, ni a que Del Bosque pueda decidir con serenidad, ni a que Piqué y el resto de sus compañeros –es decir, nuestros jugadores- se centren en el juego…

No sé, acabo como empecé: libertad de expresión, sí, pero hay maneras, situaciones y momentos adecuados e inadecuados. Todo esto mal combinado acaba en una batalla campal dialéctica que cambia el foco, perjudica al colectivo, no resuelve nada y conduce a la injusticia. No tengo la solución, tampoco lo pretendo, pero esta bola de nieve de los pitidos a todo lo que se mueve con memoria histórica –al margen ya del affaire Piqué- no tendrá un final feliz si entre todos no nos mentalizamos de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Estamos a tiempo, pero debemos poner de nuestra parte para buscar la concordia por encima de cualquier otro interés. Desde la serenidad las cosas se ven de otra manera. Del Bosque lo agradecería y nuestros jugadores, incluido Piqué, también.

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