Andrés Iniesta ha empezado las vacaciones familiares después de atender a unos compromisos comerciales en Kuwait y China. Va a pasar unos días en Fuentealbilla, no irá a la boda de Messi y se le espera en su campus de Tordera, cuya cuarta edición presenta una novedad interesante, el Iniesta’s Methodology, un programa de entrenamiento dirigido por su amigo y fisioterapeuta Emili Ricart. No se aburre con la rutina sino que es persona de costumbres y se recrea con las cosas que le son conocidas y le dan seguridad, siempre hogareño, apegado a sus padres, a su esposa Anna, a sus hijos Valeria, Paulo Andrea y Siena, y también a su Barça.
Nunca se le ha visto jugar en un equipo que no sea el azulgrana desde que con 12 años llegó en 1996 a La Masia. La temporada pasada, sin embargo, tuvo demasiado tiempo para pensar y sopesar su futuro, al punto de que se ha dado un año de plazo, hasta que finaliza su contrato en 2018, para decidir si continúa o se va del Camp Nou. Una sensación nueva para un jugador que siempre delegaba en su agente Ramon Sostres para que se las apañara a fin de renovar por el Barça en las situaciones más complejas, aun perdiendo dinero, como cuando las ofertas llegaban del Madrid. “Arréglalo como sea para que pueda seguir en el Camp Nou”, ordenaba entonces Iniesta a Sostres.
La situación ha cambiado en 2017 y Andrés, después de 630 partidos y 30 títulos desde su debut en 2002, ha mandado parar, escéptico con la oferta del club para continuar en las mismas condiciones más o menos hasta 2020, expectante con la propuesta de Ernesto Valverde, deseoso de recuperar el protagonismo perdido en 2016-2017, siempre emparedado entre Xavi y Messi, como ocurrió con la elección del Balón de Oro de 2010. A Xavi, prescindible en la selección desde Brasil y confundido con Iniesta por uno de los ayudantes del Tata Martino, le valió la pena quedarse un año más de lo previsto antes de viajar a Qatar porque ganó el triplete con Luis Enrique. Y Messi hará lo que le dé la gana en el Camp Nou.
La renovación del 10 se da como cerrada y tendrá la duración precisa para que el jugador pueda despedirse del fútbol con la zamarra de Newell’s. Messi se ha ganado ser el amo y señor del Barça. El club invertirá su fortuna para que el rosarino siga hasta 2021 o 2022 después de mejorar los acuerdos con sus compañeros Luis Suárez y Neymar. Iniesta pensó que si le ofrecían ampliar también su contrato era para mejorar sus ingresos y se equivocó, circunstancia que le invitó a pensar sobre su situación, de nuevo situado a mitad de camino entre el tridente y los defensas que aprietan como Piqué o el mediocentro Busquets. A sus 33 años, el manchego decidió no firmar y aguardar, espera respetada por el Barça.
“Andrés se ha ganado el derecho a decidir”, defienden en la junta del Barça. Aunque a la directiva le interesa reducir la masa salarial, la propuesta de renovación exime al presidente, Josep Maria Bartomeu, de dar más explicaciones mientras el futbolista se plantea por primera vez si le sale más a cuenta aceptar a partir de 2018 la posibilidad de jugar en América o Asia, nunca en Europa para no competir con el Barcelona. No es una cuestión solo de dinero sino de autoestima, convencido de que si el cuerpo le respeta puede aspirar a un contrato mejor, dentro o fuera del Camp Nou. Y es que Iniesta ha vivido asustado desde octubre, cuando se retiró sollozando de Mestalla.
El volante encadenó un rosario de lesiones de rodilla y musculares que le llevaron a ser el jugador número 13 en el cómputo de minutos disputados entre los futbolistas de Luis Enrique. Incluso puede que el entrenador se excediera en su empeño por proteger a Iniesta. Lucho mimó mucho a Andrés y le reservó siempre para los partidos sagrados como los de la Champions. Y al volante le costó encontrar la forma, superar las molestias musculares, entender alguna sustitución, tener continuidad —no disputó más de 23 partidos de Liga. No siempre estuvo a gusto en la cancha y su condición de primer capitán de la plantilla ha sido cuestionada cada vez que ha irrumpido Piqué.
Las afrentas del central contrastan con los silencios de los representantes del vestuario elegidos por los jugadores —la comisión la completan Messi, Mascherano, Busquets—-, como si Iniesta fuera el portavoz de los mudos en un club falto de liderazgo y de carisma como es hoy el Barça. Quiere saber el volante de Fuentealbilla qué papel juega en el camerino y en el campo, en el equipo y en el club, y de ahí que quisiera preguntar a Valverde. Y a pesar de que no ha trascendido el día de la charla ni su contenido, se ha sabido que el entrenador cuenta con Iniesta. Nada nuevo si se tiene en cuenta que se mantiene como titular en la selección española, camino del Mundial de Rusia.
El manchego es consciente, en cualquier caso, de que Isco, Silva, y hasta Asensio empujan en la Roja, y también de que el Barça quiere fichar a un volante, a ser posible Verrati, el mismo que según le dijo Matuidi al propio Iniesta, será su sustituto en el Camp Nou. No será fácil encontrar un sitio en un equipo que puede llegar a tener una docena de centrocampistas (Busquets, Rakitic André Gomes, Arda Turan, Denis Suárez, Rafinha, Sergi Roberto, Aleñá, Samper y hasta Mascherano). Ocurre que a los fichajes no les resulta fácil competir con los veteranos por más que el equipo envejezca: solo cuatro de los últimos 15 fichajes realizados desde 2014 se han asentado: Ter Stegen, Rakitic, Luis Suárez y Umtiti.
A Iniesta siempre le costó que le hicieran caso por más que le dedicaran los mejores elogios; basta con recordar que fue suplente en la final de París 2006. Ya se sabe que el equipo juega tranquilo y el juego fluye cuando está el manchego y Messi agradece su presencia con la misma determinación que lo hacía Ronaldinho. Todo parece más fácil y natural, y también más artístico, con la seguridad que desprende Iniesta. Ningún futbolista interpone mejor el cuerpo entre la pelota y el rival, camina tan elegantemente sin aparente esfuerzo ni rapidez, y asiste de forma tan precisa como el 8. No quiere claudicar ni tampoco pretende que se le trate como si fuera una reliquia del Barça.
A veces excesivamente atormentado, necesita sentirse querido para no somatizar los conflictos, ni que sea con un gesto, cosa que a veces resulta difícil en un club últimamente tan empresarial como el Barça. Agradece que le aplaudan en los distintos estadios de la Liga y de la Champions, a excepción de San Mamés. No quiere, sin embargo, que cada ovación suene a despedida ahora que algunos le ven la cara de un prejubilado, como si no hubiera participado de la remontada contra el PSG. El cariño funciona como fuerza motriz para un jugador silencioso, incapaz de dar tono y volumen a sus jugadas y a goles únicos y singulares como el de Stamford Bridge con el Barcelona o en Johanesburgo para España.
A pesar de su regularidad y fiabilidad, Iniesta siempre dio fe de vida a partir de la excepcionalidad. “Me gustaría valorar muchas situaciones para tomar la decisión más honesta y la mejor para todos”, ha dicho sobre su futuro. “Tengo que valorar la propuesta del club, mi sensación personal y deportiva, ver cómo se moverá todo el año que viene con tanta gente nueva”, añade. “Estoy tranquilo y me siento feliz. Si tengo la suerte de que las lesiones me respeten me veo compitiendo al máximo nivel. Me conozco”. No será fácil encajar las piezas, ni para el club ni para jugador, ni tampoco asumir la situación para el padre José Antonio, ahora mismo dedicado a la empresa y especialmente a las Bodegas de Fuentealbilla.
Iniesta no quiere ser un estorbo ni un amuleto sino sentirse útil y seguir siendo el símbolo de una manera de entender y vivir el futbol que no tiene edad, incluso siendo un manchego que vive en Cataluña, juega en el Camp Nou y se siente el más español de los internacionales del Barça. El reto sigue siendo el de siempre: salir del callejón en el que ha estado metido desde que partió de Castilla-La Mancha, igual que un jilguero se escapa de la jaula sin que nadie sepa cómo, feliz en Barcelona o en la China.
Tomado de:http://deportes.elpais.com/deportes/2017/06/22/actualidad/1498151385_299573.html#?ref=rss&format=simple&link=link




que triste destino de un genio…, no se pueden despedir asi de esa genialidad de hombre y jugador, hay que buscarle un lugar para que no nos pase como con dani…
Sería un grave error dejar ir a Iniesta, no solo sería dejar ir a un gran jugador sino dejar ir a la bujía por donde fluye el juego del Barça, espero renueve por varios años más por el bien del equipo.
Dos líneas resumen este gran escrito
1- A pesar de su regularidad y fiabilidad, Iniesta siempre dio fe de vida a partir de la excepcionalidad.
2- Iniesta no quiere ser un estorbo ni un amuleto sino sentirse útil y seguir siendo el símbolo de una manera de entender y vivir el futbol que no tiene edad.
Yo soy madridista, pero es que lo de Don Andrés Iniesta no tiene nombre. Si un día me hubiesen dado a escoger un fichaje para mi Madrid, ese día hubiese firmado a Iniesta a ciegas. Todo un caballero. Un capitán silencioso, pero artero. Demostrando que un equipo de fútbol se defiende con eso, con fútbol. Su lenguaje es fútbol, así lo es su espada y su escudo. No es un bocazas como Piqué. Es un tipo llano, sencillo, honesto. El que no lo crea que se busque “Iniesta de mi vida” y se lo vea tres cinco y hasta diez veces porque a esto invita. Es uno de esos que llegado el día del adiós definitivo, el mundo de este deporte le extrañará y mucho. Yo le admiro un montón. Realmente admiro esa capacidad de anudarse el balón al zapato y convertir en dorado cada pase o asistencia a gol. Un genio, el “Genio de Fuentealbilla” como le bautizó Germán García, de Tablero Deportivo. Ciertamente y como el tiempo y Chronos pasan por todos se acerca la hora del adiós. Ojalá y el Barça no le deje ir, le ate uno o dos años más. Ese vestuario le necesita. Él, sumido en un silencioso respeto, ha decidido esperar. Sin la autosuficiencia del que sabe necesario, sino atado a un amor inigualable por este club que le ha dado todo, sencillamente porque él lo hizo primero: le dió todo.
Como dije antes, un Madridista.
PD La tarjeta amarilla más injusta del mundo se la mostraron en aquella Final ante Holanda al anotar el gol que hizo alcanzar a España las cimas del Olimpo futbolístico. Él corrió a la banda, se deshizo de la camiseta y corrió a los brazos de Dani Jarque que festejaba con su amigo desde el cielo… antes de que un alud humano le dejara en el fondo feliz de quien ha alcanzado la gloria.
Grande entre los grandes, a este hay que renovarlo y darle lo que pide, el Barca está en un verdadero callejón sin salida a raíz de la renovación de Messi que ha pedido hasta ser el dueño del club en un futuro no muy lejano y ese va a ser el pero error de los señores que dirigen el club, si se olvidan del que piensa pueden imaginar lo que viene después.