Javier Sotomayor: “Sigo siendo el humano que más ha saltado con su propio pie en el mundo”

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Se cumplen 25 años de la tercera y aún vigente plusmarca mundial del saltador cubano

Sigue mirando al mundo desde sus 194 centímetros de altura y sin aparentar la edad que acredita su pasaporte. Javier Sotomayor (Limonar, Matanzas -Cuba- 13 de octubre de 1967) es ya un hombre de 50 años, pero con la misma planta, sonrisa amplía y vitalidad que cuando competía. Con la madurez ha ganado también en discurso. Como atleta en activo hablaba en la pista, ahora ha ampliado su verbo fuera del tartán.

El 27 de julio de 2018 se cumplieron 25 años de su tercera y aún vigente plusmarca mundial de salto de altura. Los 2,45 que acreditó en Salamanca y nadie ha sido capaz de igualar o superar en la Historia. “De momento, sigo siendo el humano que más ha saltado con su propio pie en el mundo”. Hace cuatro años, en 2014, dos saltadores acariciaron la plusmarca del príncipe de las alturas cubano. El catarí Mutaz Essa Barshim se quedó en 2,43, a tan solo dos centímetros, apenas cuatro líneas del texto que usted está ahora leyendo. Pero a esas alturas, un centímetro es un mundo.

El ucraniano Bohdan Bondarenko acreditó también ese año 2,42. “El que más se ha mantenido -considera Sotomayor- y más cercano sigue al récord del mundo es Barshim. Bondarenko, por culpa de las lesiones, no ha estado bien en las últimas temporadas. Si tuviera que apostar por quién batirá mi récord del mundo, diría Barshim.” Sin embargo, el atleta nacido en Doha hace 27 años y vigente campeón del mundo se lesionó el pasado 2 de julio en la reunión de Székesfehérvár (Hungria), precisamente intentando batir el récord de Sotomayor, y dijo adiós a la temporada. En su tercer y último intento sobre 2,46 se dañó hasta tal punto los ligamentos del tobillo que terminó en el quirófano. Cuando Sotomayor logró su tercer y último récord mundial, Barshim apenas tenía dos años.

¿Y el día que su plusmarca mundial sea igualada o superada? “Ese día -responde el cubano-no haré una celebración, pero estoy convencido de que alguien va a superarme y, cuando ocurra no seré el primero, pero trataré de hacer llegar mis felicitaciones a quien lo consiga. Si es Barshim, tengo todos sus contactos, y si es otro saltador, los buscaré. Pero mi vida no cambiará para nada. Seguiré orgulloso de lo que hice, de haber logrado no solo el récord del mundo, sino de haber sido también campeón olímpico (Barcelona, 1992), mundial (Stuttgart 1993 y Atenas 1997) y de haber tenido el récord en todas las categorías, desde cadete a absoluta.”

Hace hoy 25 años, el 27 de julio de 1993, Javier Sotomayor regresó a Salamanca, la ciudad donde, cinco años antes, había logrado su primera plusmarca mundial, 2,43. “Después de tanto tiempo me siento bien orgulloso de tener todavía hoy el récord del mundo. La mía fue una época en que los récords no salían tan espontáneamente. Siempre fui consciente que podía saltar 2,45 y que incluso puede haber llegado a 2,46. A 2,47 no, pero 2,46 sí creo que podría haberlo hecho.”. Aquella fue una tarde de sol y moscas, sinónimo en atletismo de buenas marcas.

El estadounidense Mike Powell, que sería uno de los primeros en felicitarle, ya había volado en longitud hasta los 8,70. Javier Sotomayor solo realizó cinco saltos Los dos primeros sobre 2,23 y 2,32, alturas que superó al primer intento. Al igual que los 2,38. Una semana antes había saltado 2,40 en Londres, pero empezó a llover. “Creo que el agua -recuerda ahora el antillano- fue lo que me impidió hacer 2,45 en Londres y realmente me alegro de que así fuera”. Su idilio con Salamanca era total. En su primer intento sobre 2,45, la varilla cayó. Poco importó. Sotomayor tenía el salto en su mente. Antes del segundo intento, lo visualizó primero con sus ojos cerrados y en concentración absoluta.

Luego emprendió su carrera hacia la Historia con el poderío de dos piernas como dos muelles. Se elevó majestuoso y tocó el listón, que se tambaleaba sin llegar a caerse. Sotomayor, que regresó a la colchoneta como si bajara de los cielos, esprintó para abrazarse con su entrenador, Guillermo de la Torre. ¡El Soto había batido el récord mundial por tercera vez en cinco años! El techo del salto de altura seguía subiendo unido a su nombre. “Me siento contento de que fuera precisamente en Salamanca. Ahora estamos hablando del 25 aniversario, pero este año, si llegamos al 8 de septiembre con el récord, cumpliré 30 años como plusmarquista mundial de salto de altura, treinta años de mi primer récord en Salamanca, 2,43.”

“Hasta 1988 -continúa Sotomayor- ningún récord del mundo en salto de altura duró más de cinco años. Nunca pensé que yo fuera a permanecer tanto tiempo como plusmarquista mundial. Más aún porque en mi época había muchos saltadores que me hacían gran competencia y tuvieron varias temporadas a un nivel altísimo.”

De la pista a la Orquesta “Salsa Mayor”.

Javier Sotomayor es hoy Secretario General de la Federación Cubana de Atletismo, cargo donde intenta trasladar a la prometedora nueva generación de campeones su experiencia y conocimientos. Sin embargo, su vida lejos de la alta competición no fue sencilla al principio. “En el 2001 arrastraba muchas lesiones y estaba compitiendo con solo cinco pasos en mi carrera de impulso. Ya no saltaba igual y empecé a preparar mi retiro (su último salto fue el 16 de septiembre de 2001 en Yokohama -Japón-). Previamente a mi última gira internacional yo ya estaba preguntándome: ¿Qué hago yo cuando regrese a Cuba? Me sentía un poco mal sin saber qué iba a hacer y qué rumbo seguir.”

Y la respuesta sorprendió a todos. El Soto, como le dicen cariñosamente, siempre fue, como buen cubano, un amante de la música. Pese a su altura y corpulencia, le gustaba, tras las grandes competiciones, demostrar su destreza para el baile. Los cubanos aseguran tener cuatro líneas en la palma de la mano: la de la vida, la del amor, la del destino… y la de la música. Antes de partir al extranjero para la que sería su última temporada en activo, buscó músicos e instrumentos. Y, cuando regresó a finales de septiembre, reunió a su nueva agrupación. ¡Había nacido Salsa Mayor!

“Cuando yo la llevaba -recuerda el ex campeón- se llamaba Salsa Mayor porque quise buscar un nombre alegórico a mi apellido. Hoy en día es una de las orquestas más populares, pero ya no soy su director general. Ahora se llama Maykel Blanco y su Salsa Mayor.” Su aventura con la orquesta duró cuatro años hasta que, en 2005, la Federación cubana de Atletismo le pidió ser manager de la selección. ¡Azuuuuuucar!

La amistad “sin bloqueo” con los saltadores estadounidenses

Uno de los primeros atletas que, hace hoy 25 años, le felicitó tras saltar 2,45 fue el estadounidense Mike Powell (Filadelfia 1963). En la pista de Salamanca coincidieron aquella tarde los dos seres humanos que más alto y más largo han saltado en la historia de la humanidad. De hecho, la plusmarca mundial de Powell en longitud (8,95 en 1991) es aún dos años más antigua que la de Sotomayor.

“Es cierto -recuerda Sotomayor- que Powell fue uno de los primeros atletas en felicitarme. Un saltador cubano y uno americano, sí. Habrá sus diferencias entre gobiernos, pero nunca ha sido así o ha existido entre atletas”. De hecho, Sotomayor destaca su amistad con los dos saltadores estadounidenses que amenazaban su reinado en la altura, Charles Austin y Hollis Conway. “Eran los mejores atletas de salto de altura y nos llevábamos muy bien y, de hecho, todavía hoy seguimos manteniendo contacto.”

“Hay una nueva generación que puede mantener el nombre de Cuba en la elite mundial”

Como Secretario General de la Federación Cubana, Javier Sotomayor es una de las voces más acreditadas para valorar el presente y futuro del atletismo de su país. La pregunta es obligada: ¿Volverá a disfrutar Cuba de una generación de atletas como la que tú lideraste? “Cuánto quisiéramos -responde-. A finales de los 80 hubo una generación de atletas cubanos y luego otra en los 90. Yo viví ambas y fueron muy buenas con atletas como Iván Pedroso, Yoelbis Quesada, Anier García, Ana Fidelia Quirot, Roberto Hernández.. En las principales competiciones, siempre estábamos seis u ocho atletas entre los tres mejores del mundo.”

“En la actualidad -continúa- tenemos atletas muy jóvenes que ya han sido campeones mundiales cadetes o junior y ahora están teniendo muy buenos resultados a nivel mundial en categoría absoluta. Quizás no la cantidad de atletas que tuvimos nosotros, pero sí hay una generación que puede mantener el nombre de Cuba en la elite mundial.”

Y entre las promesas, algunas ya realidades, Sotomayor nombra a Juan Miguel Echevarría (Camagüey, 11 de agosto de 1988), y al jovencísimo Jordan Díaz.

Juan Miguel Echeverría voló el pasado 10 de junio en Estocolmo hasta 8,83 en salto de longitud (con viento excesivo de 2,1 que impidió la homologación de la marca), pero también ha acreditado este año 8,68 con viento legal. Este talento emergente ha manifestado públicamente que este mismo año podría batir el récord del mundo de Mike Powell (8,95 desde 1991 en el Mundial de Tokio).

Y Jordan Díaz, que aún no ha cumplido los 18 años, batió el pasado febrero la marca mundial de triple salto para menores de 18 años, 17,32, y el pasado mes de junio logró un nuevo récord nacional juvenil con 17,41.

 

Tomado de:Marca.com

 

 

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