Nairo Quintana: “Si el Tour de Francia me obsesionara, me habría ahogado”

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El ciclista colombiano habla sobre la pasión por su país y sobre su relación con la gran carrera francesa, que no ha podido ganar

Nairo Quintana (Tunja, Boyacá, 1990) ya no es un niño, aunque la alegría infantil de sus dientes blancos con la que deja asomar un plátano travieso por el bolsillo de su maillot en carrera así lo pueda hacer pensar. Ha cumplido ya 29 años. Acuna a Tomás, de pocos meses, su segundo hijo. Por el hotel se mueven sus padres, su esposa, Paola, con Mariana, su hija, y su madre, y su hermano Alfredo. Ha ganado una Vuelta y un Giro, y, no, aún no ha ganado el Tour de Francia que todos le prometían desde que quedó segundo el año de su debut, cuando tenía 23. Su mirada seria, profunda, traiciona el mensaje de un corte de pelo digamos pijo, demasiado cuidado. Evidentemente, ya no se lo corta él mismo con tijeras de esquilar, como solía. El ciclismo, ganar el Tour, el sueño amarillo, ya no lo son todo en su vida, preocupada por su tierra, por su identidad, por el valor de su oficio para la sociedad. La continuidad en el Movistar después del final de su contrato, en diciembre próximo, también parece imposible. “El sueño amarillo ya no es una obsesión. Si lo fuera, me habría ahogado”, dice.

Pregunta. Ese corte de pelo ya no es el Nairo’s classic…

Respuesta. Alguna vez me lo cortaba yo, pero ya no, y ya casi estoy para corte. Me crece mucho el pelo. Hay que llevarlo corto por el calor y porque, cuando hay etapas duras, se nota, las uñas crecen, sale un poquito la barba, el pelo se hace para un lado… Se envejece 10 años en cinco minutos. Dicen que el deporte es salud, pero, realmente, ¿hasta dónde es salud?

P. El plátano le asoma por el bolsillo siempre. ¿Es un símbolo? Es broma, pero con usted es inevitable buscar símbolos en muchas de sus acciones, como la de acudir en bicicleta desde su Tunja [191.000 habitantes] atravesando Colombia y la cordillera, 500 kilómetros, hasta la salida del Tour Colombia…

R. Sí… ehhhh… Y en bici volveré a casa. La idea parte inicialmente porque no conozco bien mi tierra. Quisiera conocer cada detalle de lo que veo en el mapa, por aquí sube a tal pueblo, por allí, tal… Y hay sitios muy interesantes. Nosotros, los colombianos, somos muy orgullosos de nuestra tierra, ¿no?

P. Y quieren que el mundo lo sepa…

R. Pero más que querer mostrar yo, querría que la gente dijera, ‘viene Nairo’, y efectivamente fue así. El año pasado también lo hicimos, de Tunja a Cali y retorno, pero no dijimos nada en redes sociales. Este año, dijimos ‘vamos a avisarle a la gente que vamos, a ver qué respuesta hay’. Y la respuesta fue impresionante. Y, luego, cuando llegué a Medellín, coloqué cosas en redes sociales. Fotos y así. Y después de eso, la gente me respondió: ‘Oye, Nairo, así nos gustas más, que nos enseñes más cosas de tu vida, más detalles…’. La gente me está pidiendo mucho más. No soy muy de redes ni de propagandas, pero [la experiencia] le gustó a la gente…

P. Esta necesidad de conocer la tierra, y de ser conocido por la tierra, le hace diferente de la mayoría de los deportistas famosos, que no hablan de esto, que no proclaman la importancia que tienen para ellos de sus raíces o su identidad…

R. Es más que un discurso. Colombia es muy bonita y es una pena no conocerla. Hay que conocerla en detalle, la gente, sus costumbres, qué se come en cada región… Hay que comer y hay que probar. Y estoy realmente orgulloso de lo que tenemos. Cuando uno está en otro lado la gente le enseña lo que tiene y le da a probar. Esos cambios culturales se han dado de toda la vida, ¿no? Llegar a un sitio y preguntar, ¿qué se puede comer aquí, en la costa, en Antioquia? Y dialogar…

P. Pero nada como su Boyacá, se supone…

R. Qué va, qué va. Tenemos mucho que aprender de Antioquia, por ejemplo. ¡Y qué tierra tan fértil hay aquí…! Allí arrojan los tallos de las hortensias en el suelo y poco después nacen unas plantas selváticas. Yo, en Tunja, intento sacar adelante un bancal con tres hortensias y sufro, se achicharran, se quedan raquíticas.

P. Atravesó pedaleando el Magdalena medio, la zona fronteriza de Santander, Boyacá y Antioquia, por Cimitarra y Puerto Boyacá, una zona de mucha violencia de los paramilitares y la guerrilla hasta hace nada. ¿Le interesaba ver cómo se vive allí el proceso de paz, cómo lo llevan?

R. Por lo que me han dicho, actualmente es una zona muy tranquila. Se han cambiado los cultivos de coca por cultivos de cacao… Tanto a los buenos como a los malos les alegran mis triunfos. Yo digo que no hay persona mala, sino que lo que lleva a acciones negativas es el entorno en el que se vive, eso es lo que les lleva a actuar de ese modo.

P. Tanta dedicación mental a esto, ¿no teme que afecte a su rendimiento? Se dice que los campeones son los que solo piensan en la competición y solo entrenan, comen y descansan… ¿No le roba mucho esto al Nairo ciclista? ¿El descanso?

R. Nunca he pensado que esto me quite tiempo. No estoy todos los días en los diarios, en las protestas…

P. Pero mentalmente parece que su cabeza está activa en mil cosas, no solo en pensar en ciclismo…

R. No es así, no. Si solo me ocupara de la bicicleta también el ciclismo me emborracharía y me hubiese cansado, ¿no?, como posiblemente le habrá ocurrido a muchos. El tiempo lo dedico cuando hay que dedicarlo. Si voy a comer con mi madre, igual hago una hora menos de descanso en la cama, pero estoy con ella e igual me está recuperando la cabeza. El tema del país es algo que me sale del corazón; es natural. Tampoco se trata de pelear contra la corriente, porque sabemos qué es lo que hay y cómo es…

P. Se le ve bastante diferente del Nairo de 2016, el del sueño amarillo, como si se hubiera quitado un peso de encima aunque el sueño no haya llegado aún. Como si pensara que ha concluido que su carrera ciclista puede ser plena sin ganar el Tour…

R. Sí, claro, totalmente. Se han hecho cosas grandes y muy bonitas, pero… más que una obsesión, como siempre dice Eusebio [Unzué, el jefe del Movistar] o lo dicen los periodistas es un sueño, es un sueño y… y…

P. ¿Pero pesa lo mismo en su vida ese sueño que hace tres años?

R. Es bastante diferente. No es… El peso ya se lo han cargado los medios de comunicación a otros, con las hazañas que han hecho. Gracias a eso estoy mucho más tranquilo. Ese peso es verdad que te llega a ahogar. Cuando existe tanta presión y todo gira en torno a una sola cosa se produce una situación que no es buena. Lo voy a seguir intentando. Es un sueño que sigue activo.

P. ¿Ha pensado cómo habría ido su carrera si aquel día del Tour del 13, su primer Tour, Valverde no se hubiera quedado cortado y usted no hubiese asumido el liderazgo del equipo a los 23 años, anunciando a sus compañeros que iba a intentar ganar el Tour? Y terminó segundo…

R. No lo había pensado, no. Fue un momento muy importante, un salto muy grande…

P. Usted tuvo la oportunidad de proclamarse líder. Normalmente, es el director del equipo el que asigna los papeles.

R. Sí, sí. Si no hubiese pasado ese momento y hubiera entregado —como siempre lo hice— todo a Valverde, al siguiente año habría ido al Giro de Italia como líder, como en realidad hice en 2014.

P. Y quizás se había ganado el derecho a ir al Tour como líder… Ganó el Giro, sí, ¿pero ha pensado alguna vez que quizás 2014 fue el mejor año de su carrera y que al no correr el Tour perdió la oportunidad de ganarlo para siempre? ¿No se trata de ir a por todo cuando se está en el mejor momento?

R. Sí, eso sí… Y tampoco del Giro terminé muy mal. Lo corrí muy limitado y solo pude recuperar cuando me encontré bien. Pero Eusebio quiso ir a la Vuelta, y en 2014 fue justo el desastre de Froome y Contador, que se cayeron, e hicieron podio Péraud y Pinot…

P. ¿Habría sido su Tour?

R. Bueno… el del 15 también. Es del que más cerca he estado, pero [no pudo ser] por situaciones que uno no puede controlar…

P. Ha cambiado de entrenador. Está con Michele Bartoli, ¿Esta decisión es un síntoma del comienzo de una nueva etapa de su carrera, lejos del Movistar?

R. Yo había venido trabajando solo hasta el 2014, con lo que yo sabía, con lo que yo había preparado, y me había salido muy bien… En 2016, el equipo me pone un entrenador, una decisión de Eusebio que tomo con la mejor disposición de querer mejorar. Y cuando te dicen que posiblemente lo estabas haciendo mal y que a través de ese método puedes llegar a hacerlo mejor y ganar… ¿Dónde firmo? Y con toda mi disposición. Trabajamos bien, las condiciones fueron buenas, pero por circunstancias que se escapan de mi control, alergias, y cosas así, no puede hacer más. Este año ya estoy trabajando con Bartoli, y hay mucha motivación… No es cambiar de la tierra al cielo, porque no es así. Siempre hemos estado trabajando a conciencia, a un buen nivel, y medianamente los resultados se han dado bien… Esperemos poder culminar un buen año con la motivación y todo.

P. ¿Es un síntoma de un cambio de equipo próximo?

R. Para nada, para nada… De hecho, algunos corredores del equipo están trabajando con Bartoli. Todo va avalado siempre por Eusebio. La decisión de mi futuro la tomarán mi mánager y Eusebio, jejeje…

Tomado de https://elpais.com/deportes/2019/02/16/actualidad/1550281920_827147.html

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