La Copa malquerida del Barcelona

Messi y Luis Suárez celebran uno de los goles al Sevilla en el Pizjuán. MARCELO DEL POZOREUTERS
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Los azulgrana solo compitieron cuando Messi tocó a rebato ante el Sevilla

Al barcelonismo le escuece tanto el partido de Anfield que le cuesta visualizar cualquier encuentro de su equipo, incluso la final de Copa, el torneo por excelencia en la historia del club, 30 veces campeón, ganador de las cuatro últimas ediciones. El Barça vivió de la Copa durante la resistencia, sobre todo en la dura travesía de los años sesenta, años sacralizados por la final de las botellas del Bernabéu (1968). A partir de una final de Copa disputada en Mestalla, Johan Cruyff edificó el Dream Team. Y fue con la llegada de Pep Guardiola que el Barcelona recuperó su carácter copero y acuñó el término triplete en 2009.

El triplete, un título honorífico después revalidado con Luis Enrique en 2015, exigía ganar la Copa. Hasta que la temporada pasada, el Barça se desplomó en Roma y, a falta de excusas futbolísticas, se culpó del desastre al desgate generado por la Copa. Así que durante el presente ejercicio futbolístico nadie hablaba de la Copa ni del triplete en el Camp Nou. El foco estaba puesto en la Champions mientras se llevaba de manera confortable el liderato de la Liga. Y entonces llegó la sorpresa de Liverpool y el Barcelona se encontró de sopetón con la Copa.

No es que no quiera jugarla, como pasó en el 2000 cuando en las semifinales dio plantón al Atlético en el Camp Nou, sino que no sabe muy bien cómo afrontarla por más que el entrenador y la directiva se esfuercen en recordar la importancia de un título y por extensión del que sería el noveno doblete del Barça. No será fácil motivar al equipo ni movilizar a la afición cuando se cumplen 40 años de Basilea, la final de la Recopa 1979, el torneo que disputaban los campeones de Copa y que entonces provocó el desplazamiento de 35.000 culers hasta la ciudad suiza para enfrentarse al Fortuna de Düsseldorf.

La Copa pareció un engorro para los azulgrana hasta el 2-0 de Sevilla. Ya les costó ganar a la Cultural en León, partido resuelto con un gol a última hora de Lenglet (0-1), y pasaron un calvario en Levante hasta que Denis Suárez forzó un penalti que transformó Coutinho (2-1). La eliminatoria con el equipo granota pasará a la historia por la alineación indebida de Chumi. Nadie acusó de negligencia al equipo ni al club, sino que la afición aguardó con resignación el recurso del Levante hasta que se consideró que estaba fuera de plazo, así que continuó la carrera del Barça.

Los barcelonistas se cruzaron en cuartos de final con el Sevilla y el partido del Pizjuán quedó marcado por la alineación de Boateng y una sonora derrota por 2-0. Nadie daba un duro por los azulgrana, y menos después de escuchar a Piqué a la salida de Nervión cuando se le preguntó por las opciones de remontada: “Y si no puede ser, otra vez será”. Hasta que Messi tocó a rebato: “Vamos a necesitar de lo mejor de nosotros y de la gente para levantar la eliminatoria”, proclamó. “Nosotros queremos pasar y pelear también por la Copa”. El resultado de la vuelta fue de 6-1. A Messi nadie le llevaba la contraria y menos si después esperaba el Madrid.

Las bajas

No hay partido más animado para el barcelonismo que el del Bernabéu, ganado esta vez por 0-3, un colchón de sobras para justificar luego el 1-1 del Camp Nou. Ya no quedaba más contrario que el Valencia. Los muchachos de Valverde pusieron la final a buen recaudo y la gent blaugrana se acordó de los tripletes de 2009 y 2015. La final del 1 de junio en Madrid parecía más cerca que nunca después de eliminar al United y de golear al Liverpool por 3-0. No hacía falta nada más que marcar un gol en Anfield. Ocurrió que los barcelonistas se quedaron a cero, pasaron los reds y Messi se quedó sin palabras incluso después de recibir la Creu de Sant Jordi.

El barcelonismo aguarda un gesto del 10 mientras Valverde no deja de mirar a la enfermería: Ter Stegen y Dembélé están lesionados, Luis Suárez se operó, Coutinho es duda y tampoco se sabe si estará Arthur. La Copa América parece pesar más que la Copa de España. El club ni siquiera pudo colocar las 14.553 entradas de que disponía —le sobraron 2.760—, no gustó la designación de Undiano Mallenco como árbitro y se sabe que el Valencia celebra su centenario mientras algunos dudan de Valverde.

No le será fácil al Barça jugar la final de su amada Copa después ser tratada como la maquerida porque se consideraba un estorbo para la Champions. No para el vía crucis de Anfield.

Tomado de https://elpais.com/deportes/2019/05/22/actualidad/1558551687_664320.html

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