Alonso, campeón del Mundial de Resistencia con Toyota y bicampeón de Le Mans

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Fernando Alonso se ha proclamado campeón de resistencia a lo grande, ganando sus segundas 24 Horas de Le Mans, en la 87ª edición de la carrera

Se marchó de la F1 para iniciar nuevos retos con el objetivo de dejar un legado sin precedentes en el deporte del motor, triunfando en múltiples disciplinas que le requerían adaptarse a marchas forzadas y luchar desde el inicio por victorias. Una apuesta arriesgada que pocos campeones se atreven a hacer, aquella de salir de su zona de confort para enfrentarse a pilotos expertos y especializados, con posiblemente menor nombre, que van a salir siempre a ganarle.

Pero Alonso lo tenía claro. Le apetecía. Y escogió entre sus objetivos las 24 Horas de Le Mans y ganar el Mundial de Resistencia. Y un año y medio después, tras una exhibición de adaptación y pilotaje, Le Mans hizo justicia con el piloto que ya ganó en La Sarthe en su debut en 2018. Lo hizo con un final dramático para el Toyota 7 de ‘Pechito’ López, Kobayashi y Conway, que sufrió un pinchazo a falta de una hora para el final cuando todo el mundo ya le daba por ganador. Así, Alonso se despidió del Mundial de Resistencia a lo grande, como el campeón que es, como bicampeón de Le Mans en sus dos únicos intentos y de forma consecutiva, y proclamándose campeón del mundo.

Fernando Alonso tenía como objetivo principal el conquistar la corona. Ya había ganado Le Mans y no quería tomar riesgos innecesarios que pudieran dejarle sin corona. Quería evitar cualquier problema, aunque una carrera como Le Mans siempre exige el máximo. Siempre tiene sorpresas inesperadas. Primero fue la falta de velocidad en recta, unos 5 o 6 km menos que el Toyota 8, que salió desde la pole decidido a ganar la cita francesa. Pero el español mantenía la calma, sin perder el foco: pensar en e Mundial. Veía como la opción de ganar Le Mans por segunda vez se alejaba. “No hay nada que hacer. Para ganar necesitamos algo de suerte”, decía tras su primer relevo, sin poder hacer nada para alcanzar al coche hermano.

La suerte llegó entonces con un Safety Car que le dejaba líder. Pero con el déficit de velocidad, solo fue un espejismo. Llegó de nuevo con dos errores de Pechito López al inicio de la noche, bajo la temible luna de Le Mans, que colocó al Toyota 8 primero, aunque de nuevo sería por poco tiempo. Los peligros que se esconden en Le Mans empezaban a avisar y a dar razón a Fernando, quien poco antes avisaba de que en esta carrera “puede pasar de todo”.

Una frase que lleva repitiendo desde el miércoles. La historia así lo decía, sobre todo para Toyota, que en años anteriores había sufrido y mucho en esta pista. Le quedaba la noche, y aunque Fernando creía al inicio de la semana que su coche sería más veloz con neumáticos gastados y con temperaturas bajas, sus intentos y los de sus compañeros nunca hicieron daño a un Toyota 7 que se dirigía hacia la victoria sin titubear un solo instante. Ni los Safety Car ayudaban. Y para colmo, tras múltiples cambios de morros, la parte trasera e incluso pensar que el fondo plano del coche de Fernando estaba dañado, finalmente se dieron cuenta que la pérdida de velocidad estaba relacionada con una puerta mal cerrada que tuvieron que cambiar. Todo ello se traducía en una mayor pérdida de tiempo.

 

Tras el cuarto relevo del ovetense, ponía punto y final a su carrera con sabor agridulce. Se había partido el pecho por atacar a su prototipo hermano en el mismo escenario en el que el pasado año le dio una lección en una noche memorable. Pero esta vez, no había nada que hacer. Había dado 133 giros en 7 horas y 51 minutos en pista. Dándolo todo sin recompensa de cara a la carrera, aunque sí de cara al campeonato. Si el coche llegaba a meta, Alonso sería campeón. Debía centrarse en eso, viendo como el Toyota 7 conquistaba Le Mans. El resultado perfecto para el equipo nipón y para sus amigos del prototipo ‘hermano’. Llegaba al hospitality de Toyota para comer y seguir el final de la carrera. Pese a saber que estaba perdida, se agarraba a aquellas palabras que tanto había repetido durante toda la semana.

Todo podía pasar. Solo necesitaba suerte. Y pasó. “Va lento, va lento”, gritó Alonso, dando un salto desde su silla. Le Mans había escuchado sus plegarias. A falta de una hora, el pinchazo de la rueda delantera que sufrió ‘Pechito’ López le hizo perder los casi dos minutos de ventaja y el liderato. El coche de Alonso, con Nakajima al volante, lideraba con más de un minuto de ventaja a falta de una hora. Alonso estudió la situación y analizó las probabilidades de que López pudiera recuperar la desventaja.

Sólo había que resistir como fuera, y esta tripulación, si algo ha demostrado este curso es que en eso son expertos. Campeones. Le Mans fue una vez más el ejemplo de que nunca hay nada por hecho. Hasta la bandera de cuadros. Aquella que hoy proclamó a Alonso Súper Campeón de Resistencia con Toyota, premiando el esfuerzo y la valentía de Fernando con un premio especial: sus segundas 24 Horas de Le Mans.

Tomado de https://www.mundodeportivo.com/motor/20190616/462902848771/alonso-campeon-del-mundial-de-resistencia-con-toyota-y-bicampeon-de-le-mans.html

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