A un centímetro del trono

Courtois atrapa el balón en mitad de una melé en el área durante la carga del Granada en el tramo final del partido.
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El Real Madrid, fluido y rotundo de entrada y muy angustiado al final, vence en Granada y se queda a una victoria o dos empates del título

Un meñique le falta al Real Madrid para recuperar el trono de LaLiga. Con dos partidos en cartelera —el jueves en Valdebebas con el Villarreal y el domingo en Leganés—, una victoria le valdría. Incluso, dos empates si el Barça apura hasta que baje el telón. Frente al mejor Granada que se recuerda en Primera, el líder fluyó sin miramientos en el primer tiempo y se angustió de lo lindo en el segundo. Primero supo jugar y luego supo sufrir. Es lo que tienen los campeones. Pese a su flojera en el último tramo del partido, el paso firme del Madrid desde el desconfinamiento es extraordinario. Ya son nueve victorias encadenadas y solo dos goles en contra. Toda una escalada.

En Los Cármenes, Zidane tiró de un regimiento de centrocampistas y la respuesta colectiva fue intachable hasta el descanso. Un equipo de centuriones en su área, con Courtois como etiqueta, resolutivo en la contraria y de fiesta por el medio campo, donde se venció de entrada el conjunto nazarí. Con los pases subordinados de los visitantes, los rojiblancos iban con la lengua fuera. Suda que suda tras Benzema, Modric, Valverde, Isco, Kroos, Casemiro… Y, por supuesto, también a rebufo del atlético Mendy.

Aún calentaba el aturdido Granada cuando el lateral francés, en un certamen de velocidad, metió el turbo, se abrió paso en el área local y ante su zurdazo con metralla se achicó Rui Silva, el guardameta rojiblanco. La pelota, en estampida, se coló por su zona de guardia y Mendy brindó por primera vez por un gol como madridista. En este Real Madrid de economato hasta 23 jugadores han goleado. Mal asunto para el club andaluz: en LaLiga nadie le ha remontado al Real.

Gripado por el eje el cuadro de Diego Martínez, se intuía el segundo tanto. Modric, de escolta ofensivo del ubicuo Benzema, arrancó tras un quite de Casemiro. Un taconazo de Isco en el círculo central mandó al garete a tres jugadores rojiblancos. El resto lo puso Benzema a lo Benzema. Llegada al área, calma, mucha calma, un amague y un disparo con escuadra y cartabón al ángulo más lejano del galo.

Tan permeable era el Granada, con sus tres centrales sin referencias, con apenas dos volantes en el medio, que en el primer tiempo muerto intervino Diego Martínez. No solo cambió de pizarra para vigorizar la zona central, sino que varios futbolistas mudaron de posición. Poco después, Duarte exigió a Courtois con un cabezazo.

De vuelta del intermedio, el Granada nada tuvo que ver con el liliputiense equipo del primer acto. Ya compareció el próspero Granada que ha circulado de maravilla todo el curso. Al Real Madrid se le fue el ancla con la pelota. Los duelos ya no eran tan desiguales.

Crecida local

Tal era la crecida del grupo nazarí, que hasta logró que se arrugara Casemiro. Tan macizo y fiable casi siempre, esta vez Carlos Fernández le birló el balón. La jugada derivó hacia Machís. Y el veloz extremo venezolano batió a Courtois con un remate en carrera que se fue a la red entre las largas piernas del portero belga. Otro Granada. Otro Real Madrid.

Ahora aplaudía Diego Martínez y recapacitaba Zidane. Hasta que visto el cruce de caminos, el preparador marsellés alteró el dibujo. Asensio y Rodrygo, relevos de Isco y Valverde, fijaron un 4-3-3. Al Real Madrid le convenía más amenazar a su rival que enchironarse en las cuerdas. Perdido el refugio con la pelota del primer tiempo, el equipo visitante buscaba un estirón. No surtió efecto en el líder. Y nunca se fue a la lona su adversario. Y eso que el Granada tuvo que añadir a las seis bajas previas las de Foulquier y Machís, acalambrados tras este maratón liguero que requiere de futbolistas hercúleos.

Del Madrid fluido de inicio a un Madrid sin otro remedio que un apretón de dientes. La pujanza local se hizo más y más evidente. No es un equipo de arabescos ni trazo horizontal. Lo suyo es la constancia, el fútbol directo y por los aires. Y al vuelo cazó un remate de volea Antoñín al que reaccionó a lo grande Courtois. El rechace le llegó a Azeez, cuyo disparo a bocajarro bloqueó Sergio Ramos bajo el larguero. Sergio Ramos y Courtois, dos pilares básicos en este Real Madrid que tiene el título a medio metro.

Tomado de: Elpais.com

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